16/7/2026 - Con el cinismo que solo otorga un cuarto de siglo en el ruedo político, el exdiputado y vicepresidente del partido GANA, Guillermo Gallegos, ha comenzado a pavimentar en televisión nacional su camino de regreso al Salón Azul. En una de sus recientes apariciones en medios de comunicación, Gallegos no dudó en proyectar que su partido tiene el cálculo de ganar entre tres y cinco diputaciones en las próximas elecciones legislativas.
Sin embargo, detrás de las sonrisas de estudio, la impecable puesta en escena y las promesas de campaña, hay un silencio de medio millón de dólares que sigue gritando en los pasillos de la impunidad salvadoreña.
Para el veterano político —quien acumuló 24 años consecutivos como legislador bajo las banderas de ARENA y GANA— el retorno a la Asamblea se plantea como un simple ejercicio numérico y electoral. Pero para la ciudadanía, su postulación es un recordatorio de las cuentas pendientes con la transparencia. ¿Cómo puede alguien pretender legislar y fiscalizar el dinero de los salvadoreños cuando aún no ha rendido cuentas claras sobre el financiamiento a la oenegé de su propia esposa?
El fantasma de APDEMES
La memoria periodística es el peor enemigo de la demagogia. En el centro de los cuestionamientos que empañan la figura de Gallegos se encuentra la Asociación para el Desarrollo Económico y Social de las Municipalidades en El Salvador (APDEMES).
Esta organización, fundada en 2008 por su esposa, Julia Nora Romero de Gallegos, se convirtió en el receptor de un generoso trato financiero por parte de la Asamblea Legislativa.
Entre 2015 y 2016, la Asamblea avaló la entrega de $550,000 dólares de dinero público a APDEMES; el primer desembolso de $250,000 en 2015 fue aprobado mediante un dictamen presupuestario que el propio Guillermo Gallegos firmó y votó.
En su momento, el Ministerio de Prevención Social y las alcaldías de los municipios donde presuntamente APDEMES ejecutó planes de prevención de la violencia declararon desconocer por completo las actividades y el paradero de dicha organización.
En su defensa, el ahora exdiputado alegó en repetidas ocasiones una inverosímil "amnesia conyugal", asegurando ante los medios que "desconocía" que su esposa fundó o formaba parte de dicha asociación. Un argumento que desafía la inteligencia del electorado.
La doble moral del discurso anticorrupción
Es profundamente contradictorio que, en un contexto nacional donde se pregona la lucha frontal contra la corrupción y el desmantelamiento de los viejos vicios legislativos, personajes con un historial tan cuestionado pretendan retornar a la vida pública sin antes pasar por el filtro de la contraloría real.
La Sección de Probidad de la Corte Suprema de Justicia detectó en su momento que Gallegos no pudo justificar de forma contundente incrementos significativos en su patrimonio, a lo que se suma el "clan familiar" de plazas que rodeó a su gestión dentro del parlamento.
El deseo de Gallegos de volver al poder no es más que el síntoma de una clase política que se resiste a caducar y que confía en el olvido social. Pero antes de pedir el voto para regresar a la Asamblea Legislativa, Guillermo Gallegos tiene una deuda elemental con la verdad: explicar, con documentos en mano, dónde terminó cada centavo del medio millón de dólares entregado a la oenegé de su familia. El silencio ya no es una opción aceptable.
