29/9/2026 - A cinco años de haber sacudido al tablero financiero internacional al convertir al bitcoin en moneda de curso legal, el gobierno del presidente Nayib Bukele ha dado un giro tan pragmático como silencioso.
La promesa de transformar al país en la vanguardia económica global mediante la criptomoneda más volátil del mercado ha quedado atrás, cediendo el paso a una solución mucho más tradicional y terrenal: las stablecoins respaldadas por dólares.
Según un reciente reporte de Bloomberg Línea, la administración gubernamental se encuentra desarrollando la aplicación “Sivar” —en colaboración con la startup estadounidense Modveon y operando sobre la red Base de Coinbase— para permitir a los salvadoreños enviar, almacenar y gestionar dólares digitales. La paradoja no es menor: el gobierno que prometió desvincularse del sistema fiduciario tradicional hoy recurre desesperadamente a fichas digitales atadas rígidamente al dólar estadounidense.
El peso de la realidad contra la narrativa oficial
El repliegue oficial no surge de un capricho tecnólogico, sino del estrepitoso fracaso del Bitcoin en la economía real de los salvadoreños. La utopía de la adopción masiva se estrelló contra el muro de la desconfianza ciudadana y la volatilidad intrínseca del activo.
Los datos expuestos son lapidarios. Informes recientes, como los de la Universidad Centroamericana (UCA), revelaban que aproximadamente el 92% de los salvadoreños no utilizó el bitcoin en su vida cotidiana. Por su parte, el Fondo Monetario Internacional (FMI) constató que apenas un insignificante 1,75% de las remesas familiares ingresaba a través de carteras de criptomonedas.
La resistencia de la población a arriesgar los ahorros del día a día frente a variaciones abruptas de precios obligó a la administración a replantear la estrategia.
Más aún, las exigencias y reformas derivadas del acuerdo de financiamiento con el FMI por US$1,400 millones terminaron por dinamitar los pilares más ambiciosos del experimento, obligando a retirar la obligatoriedad del Bitcoin como moneda de curso legal y recortando drásticamente el alcance del monedero estatal Chivo.
De la revolución libertaria al control corporativo y comunitario
Con el lanzamiento de Sivar, la narrativa oficial experimenta una mutación notable. Lejos de la retórica de independencia financiera frente a los bancos centrales y las divisas imperiales, la nueva plataforma se enfoca en algo mucho más convencional y urgente: capturar el lucrativo mercado de las remesas —que en 2025 rozó los US$9,000 millones— mediante el cobro de tarifas fijas (en este caso, US$2 por transferencia desde EE. UU.) y la creación de comunidades digitales de control y participación ciudadana.
Paradójicamente, mientras la cúpula gubernamental insiste en discursos públicos en mantener al bitcoin como "reserva de valor", en la práctica operativa se rinde ante la estabilidad del dólar digital. La irrupción de Modveon —una firma extranjera que recibirá una suma multimillonaria por un contrato de cinco años— evidencia que el software y la infraestructura siguen dependiendo de capitales y tecnologías foráneas, distando mucho de la soberanía tecnológica que se prometió en los albores del bitcoinnismo salvadoreño.
Un balance agridulce
El paso hacia las stablecoins representa una admisión implícita de que la ingeniería social no se impone por decreto presidencial. El Salvador demuestra que las familias prefieren la certidumbre de una moneda estable frente al riesgo especulativo.
Sin embargo, queda la sombra de los costos políticos y económicos que dejó la aventura del bitcoin: millones de dólares de erario público invertidos en la compra de la criptomoneda, bonos soberanos condicionados y una enorme expectativa social diluida entre promesas de riqueza instantánea y la cruda realidad de la canasta básica. El experimento criptográfico más amboscio del planeta muta ahora en una moderna aplicación de remesas, confirmando que, al final del día, en El Salvador el rey sigue siendo el dólar.
