20/6/2026 - Mientras las comisiones legislativas se estancan y las prioridades nacionales esperan, algunos funcionarios públicos demuestran que sus prioridades personales —y sus billeteras— viajan en primera clase.

La pasión por el fútbol es innegable en El Salvador. Sin embargo, cuando esa pasión es financiada o disfrutada en horas laborales por quienes se supone deben legislar y trabajar por el país, el fervor deportivo se convierte en desfachatez política.

A lo largo de los años, los mundiales de fútbol han servido como el escenario perfecto para desnudar el desapego de ciertos funcionarios salvadoreños respecto a la realidad de sus representados. 

El caso más emblemático e indignante ocurrió durante el Mundial de Rusia 2018, pero el fenómeno del "turismo VIP con cargo al Estado (o al tiempo del Estado)" es un mal endémico que reaparece cada cuatro años.


El costo de un "permiso" en la grada

En 2018, el entonces jefe de fracción de ARENA y presidente de la Comisión de Obras Públicas, Carlos Reyes, fue captado de manera fortuita en las gradas de un estadio ruso por un youtuber mexicano. De la misma manera, las cámaras enfocaron al ex diputado del partido político GANA, Mario Tenorio, en el Mundial de 2018 en Rusia.

Mientras en El Salvador la comisión que él presidía se suspendía por falta de quórum, el legislador disfrutaba del debut de la selección mexicana.

El detalle no era menor: el diputado gozaba de una licencia que inicialmente combinaba "misión oficial" previa con días personales, devengando un salario diario que superaba por mucho el ingreso mensual de miles de salvadoreños.

Abandono de funciones: Las comisiones y el trabajo territorial se congelan porque las misiones de "interés personal" se disfrazan o se empalman con el calendario de la FIFA.

Falta de empatía económica: En un país con retos estructurales profundos, ver a alcaldes, diputados o directores autónomos en palcos internacionales envía un mensaje de opulencia que contrasta con la realidad de las comunidades que representan.

La cultura de la disculpa tardía: La constante en estos casos es el silencio inicial, seguido de una conferencia de prensa sin preguntas donde se piden "disculpas a quien se haya sentido ofendido", para luego continuar en el cargo como si nada hubiese pasado.


¿Pasión o impunidad?

El problema de fondo no es que un ciudadano viaje a un Mundial con su propio dinero; el problema radica en el conflicto de intereses, el uso del tiempo público y el origen de los fondos. 

La opacidad en las declaraciones de probidad y la facilidad con la que se otorgan permisos exprés en la Asamblea Legislativa o alcaldías deja un sinsabor en la población.

Mientras la selección nacional (la "Selecta") pasa décadas intentando clasificar a una Copa del Mundo en la cancha, los políticos salvadoreños siempre logran clasificar a los mejores asientos, sin sudar la camiseta y, muchas veces, a costa del tiempo y los recursos del pueblo que los eligió.

La fiscalización ciudadana en redes sociales ha sido la única herramienta capaz de "ponchar" a estos viajeros. Sin embargo, mientras no existan sanciones reales y un veto ético dentro de los mismos partidos y bancadas, el próximo Mundial seguirá siendo el destino favorito de las vacaciones VIP de la política nacional.