19/7/2026 - Mientras la brisa del verano estadounidense cobijaba el imponente estadio MetLife durante la Gran Final de la Copa del Mundo entre España y Argentina, una imagen captada por los lentes de la agencia AFP encendió la indignación en el aficionado salvadoreño. 

En la zona exclusiva, a escasos metros del palco presidencial donde figuraban Donald Trump, Gianni Infantino y Claudia Sheinbaum, se erguía impecable Yamil Bukele, actual presidente de la Federación Salvadoreña de Fútbol (FESFUT).

Una estampa de primer mundo que contrasta drásticamente con la realidad de un fútbol nacional que atraviesa una de las crisis estructurales más severas de su historia moderna.

Para Bukele, el Mundial 2026 ha sido un torneo de alfombras rojas. Su periplo comenzó el 11 de junio con un asiento de honor en la inauguración celebrada en el Estadio Azteca, y cerró con broche de oro este domingo en Nueva Jersey. Es innegable que las relaciones internacionales y la diplomacia deportiva son vitales, pero la comodidad de los palcos VIP de la FIFA parece haberle nublado la vista respecto al panorama doméstico.  

Resulta contradictorio que el mismo dirigente que meses atrás sentenció con fría resignación que la Selección Mayor "no iría al Mundial porque no se estaba trabajando para eso", sea el primero en abordar el avión para vivir la fiesta mundialista en primera fila. La Selecta observó el torneo por televisión, víctima de la falta de planificación, la carencia de infraestructura y la inestabilidad de los cuerpos técnicos que la propia administración no ha sabido consolidar.  


Entre el MetLife y el "Mágico" González 

Una brecha vergonzosaLa crítica no radica en la asistencia al evento per se, sino en la desconexión prioritaria de la gestión. Mientras el MetLife presumía tecnologías de vanguardia ante los ojos del mundo, en El Salvador los aficionados y los clubes de la Liga Mayor todavía tienen fresco el recuerdo del caos vivido en la final del Torneo Clausura 2026. Aquella tarde, una tormenta inundó el drenaje del remodelado Estadio Nacional Jorge “El Mágico” González, dejando en evidencia que ni la máxima joya arquitectónica del deporte cuscatleco cuenta con el mantenimiento idóneo.  

Tras el bochornoso estancamiento de agua en la final local, la FESFUT prometió "auditorías internacionales" para evaluar los daños. A día de hoy, las soluciones estructurales siguen esperando en la lista de promesas pendientes, a la sombra de los viajes directivos.

Romero Rodríguez, del MOP, en New York


La gestión de Yamil Bukele prometió un "borrón y cuenta nueva" para alejar al fútbol salvadoreño de los vicios del pasado. Sin embargo, la estampa de este domingo refleja que las prioridades federativas siguen estando invertidas. El Salvador tiene un balompié local con estadios inundados, ligas menores desamparadas y una selección absoluta sin rumbo competitivo claro. 

Ir al Mundial "cuando se merezca", como el mismo directivo afirmó, requiere que el trabajo se haga en el barro de las canchas locales, no en las exclusivas butacas de Nueva Jersey. Mientras la dirigencia siga disfrutando de los privilegios del fútbol global sin sanear las bases del balompié nacional, las fotos en los palcos de la FIFA no serán un motivo de orgullo, sino un recordatorio de lo lejos que estamos de la verdadera élite.