23/7/2026 - En El Salvador, la revolución financiera prometida por el bitcóin tiene un rostro administrativo tan opaco como la billetera digital que lo impulsa: Raymond Francisco Villalta Alfaro. De excandidato a regidor por el FMLN a administrador único de Chivo S.A. de C.V., la trayectoria de Villalta expone una faceta crítica del actual gobierno salvadoreño, donde los fondos públicos se inyectan en sociedades anónimas para evadir el escrutinio, y el silencio institucional es premiado con poder diplomático.

En agosto de 2021, a las puertas de la entrada en vigor de la Ley Bitcóin, la maquinaria estatal hizo un movimiento de prestidigitación jurídica: "Inversiones El Salvador No. 1", una empresa creada por la Comisión Ejecutiva Hidroeléctrica del Río Lempa (CEL), cambió su nombre a Chivo S.A. de C.V. La nueva sociedad nació con una inversión inicial de $60 millones provenientes del Banco de Desarrollo de El Salvador (Bandesal). A la cabeza de esta "empresa privada" financiada con el dinero de los salvadoreños se colocó a Villalta.  

La estrategia detrás de esta maniobra permitía que, al operar legalmente como una sociedad anónima de capital variable, Chivo se blindara contra la Ley de Adquisiciones y Contrataciones de la Administración Pública (LACAP) y las leyes de transparencia. Villalta se convirtió así en el gerente de una bóveda pública sin los habituales candados de rendición de cuentas. Para añadir más polémica al origen de la empresa, la abogada que dio fe de los cambios legales para registrar a Chivo enfrentaba en ese momento un proceso judicial por el delito de falsedad documental agravada.


¿Quién es el hombre encargado de administrar la operación criptográfica de la nación? 

Lejos de ser un experto en finanzas tecnológicas o ciberseguridad, el currículum de Villalta destaca por su lealtad política. Trabajó en la Alcaldía de San Salvador durante la gestión de Nayib Bukele en el área de participación ciudadana, y tuvo un fugaz paso como candidato a octavo regidor por el FMLN en 2018 antes de renunciar al partido de izquierda.

Su gestión al frente de Chivo Wallet ha estado marcada por el desastre técnico y el mutismo. En abril de 2022, un fallo en el sistema de la plataforma permitió el hurto de al menos $840,000 en cuestión de horas, cuando usuarios explotaron una vulnerabilidad de la aplicación. Esto se sumó a las miles de denuncias por suplantación de identidad que plagaron el sistema desde su lanzamiento para cobrar el bono de $30.

Frente a la crisis, la respuesta de Villalta fue el silencio absoluto. Cuando medios de investigación como la Revista Factum intentaron buscarlo en sus oficinas corporativas en la exclusiva Zona Rosa de San Salvador para obtener explicaciones, la empresa se negó a recibirlos e incluso bloqueó la recepción de solicitudes formales de entrevista.

En un entorno corporativo privado o en una entidad estatal con controles estrictos, un colapso sistémico y una pérdida millonaria de fondos habrían significado la investigación y probable destitución de su administrador. 

En El Salvador, sin embargo, el desenlace ha sido otro.En lugar de rendir cuentas por el fracaso funcional de Chivo Wallet —una aplicación cuyo uso transaccional bajó dramáticamente tras el cobro del incentivo inicial—, Villalta fue promovido a esferas más altas. Reportes a finales de 2024 revelaron que el gobierno lo designó para liderar la delegación que negocia el vital Tratado de Libre Comercio con China.

El caso de Raymond Villalta no es solo la historia de una aplicación defectuosa; es una radiografía del modelo de gobernanza. Demuestra un sistema que utiliza cascarones privados para manejar dinero del Estado a discreción y que, frente al fracaso de un proyecto nacional, prefiere premiar la lealtad y el silencio institucional con poder diplomático al otro lado del mundo, mientras los salvadoreños siguen sin saber dónde terminaron los millones perdidos en el ciberespacio de Chivo. 

Entre el bitcóin, la Opacidad y Pekín: El ascenso incomprensible de Raymond Villalta en Chivo S.A. de C.V.  En El Salvador, la revolución financiera prometida por el bitcóin tiene un rostro administrativo tan opaco como la billetera digital que lo impulsa: Raymond Francisco Villalta Alfaro. De excandidato a regidor por el FMLN a administrador único de Chivo S.A. de C.V., la trayectoria de Villalta expone con crudeza el modus operandi del gobierno salvadoreño, donde los fondos públicos se inyectan en sociedades anónimas para evadir el escrutinio, y el silencio institucional es premiado con poder diplomático.  


El origen: Dinero público con traje de empresa privada

El 24 de agosto de 2021, a las puertas de la entrada en vigor de la Ley Bitcóin, la maquinaria estatal hizo un movimiento de prestidigitación jurídica. Una sociedad llamada "Inversiones El Salvador No. 1" —creada años atrás por la Comisión Ejecutiva Hidroeléctrica del Río Lempa (CEL)— cambió sorpresivamente su nombre a Chivo S.A. de C.V.

Esta nueva entidad nació con una inyección de $60 millones provenientes del Banco de Desarrollo de El Salvador (Bandesal), fondos cien por ciento estatales. Sin embargo, al estructurarse como una sociedad anónima, se blindó de inmediato contra la Ley de Adquisiciones y Contrataciones de la Administración Pública (LACAP) y las normativas de transparencia. A la cabeza de esta "empresa privada" financiada con el dinero de los salvadoreños, los accionistas colocaron a Villalta.

Villalta se convirtió así en el gerente de una bóveda pública sin candados de rendición de cuentas, legalizada además ante los oficios de una abogada que enfrentaba un proceso por falsedad documental.


El perfil: Lealtad política sobre destreza técnica

¿Quién es el hombre encargado de administrar la operación criptográfica de una nación? Lejos de ser un titán de las finanzas tecnológicas o un experto en blockchain, el currículum de Villalta destaca casi exclusivamente por su cercanía política con el oficialismo.

Durante la gestión de Nayib Bukele en la Alcaldía de San Salvador (2015-2018), Villalta se desempeñó como subgerente de participación ciudadana. Su paso por la política partidaria incluye haber sido candidato a octavo regidor por el FMLN para las elecciones de 2018, candidatura a la que renunció antes de desligarse del partido de izquierda. Su nombramiento al frente de Chivo S.A. de C.V. dejó claro que el requisito principal para manejar la billetera estatal no era la pericia técnica, sino la lealtad incondicional al proyecto gubernamental.


El mutismo ante el colapso millonario

La gestión de Villalta al frente de Chivo Wallet ha estado marcada por desastres técnicos, vulnerabilidades y un silencio sepulcral.

El punto más crítico ocurrió en abril de 2022, cuando una falla en el sistema de la aplicación permitió que un grupo de usuarios extrajera de forma fraudulenta más de $840,000 del erario público con solo hacer "clic" repetidas veces en transferencias que no se registraban.

A esto se suman las miles de denuncias por suplantación de identidad de salvadoreños a los que les robaron su DUI para cobrar el bono de $30 de bienvenida. 

¿Cuál fue la respuesta del administrador? Ninguna. Cuando periodistas de investigación se presentaron en la sede de la empresa en el edificio Century Tower de la Zona Rosa para solicitar una explicación técnica a Villalta, la recepción se negó siquiera a firmar la carta de recibido. Ni comunicados, ni auditorías públicas, ni conferencias de prensa.


De billetera fallida a la mesa diplomática

En cualquier corporación privada o entidad estatal bajo control democrático, un colapso sistémico y una fuga millonaria de fondos habrían significado la destitución y posterior investigación del administrador. 

Pero bajo el modelo actual, la opacidad parece cotizar al alza. 

A finales de 2024, trascendió que el gobierno salvadoreño delegó a Raymond Villalta para liderar las negociaciones del Tratado de Libre Comercio con China. El administrador de una billetera digital cuestionada, fallida en su adopción masiva y opaca en sus finanzas, fue sorpresivamente convertido en la punta de lanza comercial de El Salvador ante la superpotencia asiática.

El caso de Villalta y Chivo no es solo la anécdota de una aplicación defectuosa. Es la radiografía perfecta de un Estado que ha perfeccionado el uso de cascarones corporativos para manejar dinero público a discreción, colocando al frente a perfiles dóciles cuya mayor competencia es nunca tener que dar explicaciones.