20/6/2026 - El panorama de la inversión extranjera directa en Centroamérica durante el año 2025 consolidó tendencias firmes y desnudó las asimetrías competitivas que afrontan los diferentes países del istmo. 

De acuerdo con un análisis consolidado de los datos oficiales de los bancos centrales de la región, la inversión extranjera total sumó la cifra de 8,273 millones de dólares, distribuidos de manera altamente desigual, posicionando a Costa Rica como el indiscutible motor de atracción de capitales y dejando a El Salvador en la última posición del bloque analizado.

Costa Rica se ratificó como el destino predilecto para los inversionistas internacionales al captar 3,533 millones de dólares. 

Esta robusta cifra representa el 43% de toda la inversión dirigida hacia la región en 2025. 

Factores como su estabilidad institucional, una consolidada estrategia de atracción de industrias de alta tecnología, dispositivos médicos y servicios corporativos, continúan rindiendo frutos y distanciando al país de sus vecinos continentales.

En el segundo peldaño se ubicó Guatemala, cuya economía logró atraer 1,882 millones de dólares, equivalentes a una participación del 23%. Le sigue de cerca Nicaragua, que capturó 1,502 millones de dólares (un 18% del total regional), manteniéndose flujos constantes orientados principalmente a sectores agroindustriales y de manufactura ligera.

Por otro lado, la parte baja de la tabla evidencia desafíos estructurales de gran envergadura. Honduras se posicionó en el cuarto lugar con 881 millones de dólares atraídos, lo que representa un 10% de la participación total.

No obstante, la situación más baja se observa en El Salvador, que se ubicó en el último puesto del reporte con apenas 475 millones de dólares captados, equivalentes a un magro 6% del pastel de inversiones centroamericano.

A juicio de diversos analistas y economistas regionales, la baja captación de fondos por parte de El Salvador subraya una brecha persistente en la confianza real que los mercados globales depositan en el país para proyectos a largo plazo. Elementos como los costos de la energía, la necesidad de potenciar la mano de obra calificada y la urgencia de fortalecer la predictibilidad regulatoria y la certidumbre jurídica surgen como tareas inmediatas para revertir el rezago frente al dinamismo mostrado por los líderes del istmo.